Apremios ilegales y torturas

Relatos.

El caso Juan Fontela.

FONTELA, Juan, clase 1953. El fue incorporado en la Agrupación Ingenieros Anfibios 601, Santo Tomé, se declaró objetor de conciencia y quedó detenido, con el paso del tiempo llegó a salir algunos francos, pero luego fue entregado muerto a la familia. Según el informe oficial falleció de Mal de Chagas.

La familia (no TJ) recibió el féretro sellado con soldaduras, con indicación de ser sepultado así, ellos igual hicieron abrir el cajón y hallaron que tenía el cráneo fracturado y muchos golpes en el cuerpo, evidencia de maltrato y tortura. El caso quedo así.

 

Relato de Oscar Schimalski;

Era nacido en Misiones. Había venido a Rosario y se convirtió en un delincuente que usaba armas para robar en las casas. Era un muchacho que no le tenía miedo a nada, luego conoció la verdad y cambió...

Cuando le tocó el servicio militar predicaba temerariamente a los militares. Él mismo nos contó que les citaba el texto de Revelación que dice que las aves se comerán las carnes de los comandantes militares en Armagedón. Por supuesto esto no le ganó la simpatía de los que lo tenían preso.

Por un vecino que estaba haciendo el servicio con él en Santo Tomé (SF) me enteré de algunos detalles de su muerte. Había un Sargento que le tenía rencor y había dicho que si no se quería poner el uniforme estando vivo él se lo pondría muerto. Según me contó mi vecino lo mataron a golpes, al parecer sin querer.

 Luego les remordió la conciencia y le pusieron de nombre a una barcaza que usaban Soldado Fontela.

 Enviaron el cadáver a su familia en Misiones. Tenía puesto el uniforme militar, sobre el cajón la bandera Argentina y lo acompañaba una Guardia de Honor.

 Relato de Sergio Mantello

Conocí personalmente a Juan Fontela, eso fue el año 1972, de hecho fuimos amigos. El era unos años mayor que yo.

 Estábamos en la congregación Barrio Acindar, el empezó a reunirse, luego fue publicador. Era de una colonia cerca de Oberá, Misiones.

 Así que salíamos a predicar juntos, y también íbamos a pescar con el grupo de amigos de esa congregación, los de Las Delicias y Saladillo (la zona sur de la ciudad de Rosario). Era bastante activo en la actividad de predicar.

 Era de una familia pobre, no sabia lo que comentó Oscar Schimalsky de sus “actividades” previas, en esa época ya trabajaba de ayudante de albañil con el padre de una hermana amiga.

 Era muy impulsivo (de no filtrar mucho lo que había entre el cerebro y la lengua), alegre y bastante bromista. También era una persona muy noble, generosa, y buen compañero.

 De hecho al ser mayor que el resto, a veces nos protegía cuando algunos se querían meter en los partidos de fútbol en “el potrero” que usábamos.

 Un día fue convocado para el Servicio Militar, se incorporó allí en Rosario en el Batallón de Comunicaciones 121 (fuimos varios a acompañarlo hasta la puerta), de allí fue trasladado a 601 de Anfibios en Santo Tomé, Santa Fe. Pasaron meses y un día empezaron a darle francos, y venia a visitarnos a casa. El estaba siempre igual.

 Un día empezó a comentarse que había fallecido.

Y se terminó confirmar la mala novedad cuando contactaron a los padres y ellos confirmaron que habían recibido el féretro sellado y soldado, con una nota que había fallecido de “mal de Chagas” y que por eso no debían abrir el cajón. Hubo una guardia de honor, y de hecho le habían puesto su nombre “Soldado Juan Fontela” a un bote o barcaza.

El padre dudó de eso e hizo abrir el cajón y hallaron que tenía el cuerpo golpeado y la cabeza hundida resultado de un golpe.

 Pero no avanzaron con nada más. Y nunca se supo nada más del caso.

 Luego vinieron épocas más turbulentas. Y así quedo su caso, sin resolverse. Como otros tantos en aquella época y que alguno de nosotros, estando dentro de cuarteles conocimos casos de soldados que fallecían por accidentes y golpes, descuido médico o abandono, pero se ocultaba.