Reuniones y seguridad...

Reuniones, seguridad y literatura.

4859 RANGONI, Guillermo Omar 1962; En el grupo n° 5.

Llegue al Penal el año 1982. En esa época éramos unos 32 internos por pabellón y 8 más en la Pieza de Celadores del 5 Alto y 7 Alto más los que estaban en la cuadra. Llegamos a ser 228.

El total de los hermanos detenidos estaba dividido en unos 16 grupos que tenían unos once, doce y a veces 13 hermanos que era la cantidad máxima que podían entrar en una celda acomodados en la cama, en el piso y parados.

En ese momento los coordinadores eran: Rolando Lomma, José Luís Elías, Abel Bordón y Carlos Velázquez, ellos me hablaron para indicarme cómo eran las cosas allí, las reuniones y los distintos arreglos teocráticos

Cada grupo tenia un conductor de escuela, quien era responsable por el grupo y un conductor de estudio de libro (en algunos casos dos), un ayudante de escuela (que ayudaba a los hermanos con sus asignaciones) y un encargado de la cajita de contribuciones (las que se juntaban de todos los grupos una vez al mes y se llevaba el dinero junto con los informes de servicio a la congregación de La Plata Este.

Los hermanos Roberto Fernández y Ulises Román eran los eran ancianos que supervisaban las actividades. De Betel nos llegaban notas de agradecimiento por las contribuciones y se leían en la reunión de servicio.

En el grupo de estudio n° 5 al que me asignaron estaba Samuel Capdevila como conductor de escuela, y luego lo sucedió Antonio Santillán, a quien posteriormente sucedí.

Todos antes habíamos servido como conductores de estudio de libro y los tres servimos luego en la delantera como coordinadores, en el orden antes mencionado.

Otros miembros del grupo 5 eran Manuel Jourdan, Luís Alberto Pott, Raúl Marini, Antonio Weinsel, Tito Castro, Rodolfo Domínguez (que también fue conductor de escuela), Fernando Annacaratto, Hugo Patricio, Rubén Antoff, Hannack, y otros.

Otros conductores de escuela, Abel Gallieni, Roberto Pirrone, Alberto Reverberi, Claudio Ciappezzoni, Marcelino Pereyra (Nino), Carlos Ponce, Juan Gómez, Ignacio Loyola, Guillermo Bourband, Hugo Bordón, Hugo Patricio, Carlos Domínguez, Marcelo Tetta, de los cuales varios sirvieron como coordinadores.

Las reuniones se hacían en los Pabellones 4 Bajo, 4 Alto, 5 Alto, 6 Alto y 7 Alto.

En un tiempo las reuniones se hacían con hermanos mezclados de todos los pabellones y la cuadra, pero después a raíz de una prohibición de circular por los pasillos y entre pabellones hubo que reestructurar todos los grupos y formar los grupos con hermanos del mismo pabellón, dos grupos por pabellón y a veces tres.

Fue un desafío. Lo pusimos bajo oración y lo hicimos quienes en ese momento éramos coordinadores: Rangoni Guillermo: Nino Pereyra, Ciappezonni, Loyola, Gómez, Bordón.

Se hizo el arreglo en la pieza que vivían los hermanos encargados del cine, Jesús Pino, Bustamante estaban entre ellos.

Seguridad
Los encargados de seguridad eran fundamentales para todo lo espiritual. En una oportunidad las autoridades del penal decidieron mover escritorios y renovar otros y hubo que montar un operativo tipo comando y de noche para recuperar la literatura del patio donde formábamos.

Cada pabellón tenía un encargado de seguridad y uno o dos ayudantes.
En el Pabellón 7 Alto era Tato Bonnano. El era encargado además del manejo de la literatura en el pabellón.

Suministraba la literatura antes de las reuniones y la dejaba en la celda en la que se hacía la reunión un rato antes y la retiraba luego de terminada la misma.

También un día antes pasaba por las celdas tomando nota de quien para el día siguiente quería literatura para estudio personal. Golpeaba la celda entre las 5 y 6 de la mañana y te la dejaba. La retiraba antes de las siete.

Y te indicaba que literatura había disponible.

Cuando había requisa, los encargados de seguridad daban la voz de alarma en cada pabellón con una palabra clave que se cambiaba regularmente como “pato”, “chancho”, “Tito”, “Tato”, y así por el estilo.

Y si eso pasaba se suspendía toda actividad espiritual.

Durante las reuniones los de seguridad estaban uno antes de la entrada de cada pabellón, otro en el corredor del pabellón y el restante en la anteúltima celda contando desde el fondo mirando con un trozo de espejito que sacaba por la mirilla y desde adentro de la celda con la puerta cerrada.

El hermano que miraba por la mirilla avisaba con dos golpes y había que hacer silencio y con tres goles se desalojaba.

En caso de esa alarma, esa puerta se abría obstaculizando la visión y los hermanos salían de la penúltima celda, donde se estaba haciendo la reunión en dos grupos y pegados a la pared se repartían algunos en la última celda, otros en la antepenúltima y el resto quedaba en la misma que estaban.

Se fingía que estábamos tomando mate o simplemente hablando. Si el peligro pasaba, se continuaba con la reunión, en caso contrario se suspendía.

Literatura:
Los lugares donde se guardaba la literatura variaba. Había en la parte hueca de las puertas de alacena de las cocinas donde comíamos y se lavaban las cosas, en las puertas de los baños, y en los tableros de los escritorios que cada uno tenía.

Recuerdo haber trabajado en uno de esos escritorios en la pieza de celadores del Pabellón 7 Alto con Gustavo Persano. Le sacamos la tapa, por decirlo así y le pusimos bisagras después ahuecamos quitando el relleno de partes de madera de cada una de las tres bases y ahí se guardaba la literatura.

El mismo proceso se hacía en las puertas de los baños y la cocina.

En la pieza del cine había un escondite de literatura. Se hizo una remodelación, y quedó como una piecita escondida, donde copiábamos literatura con papel manteca y carbónicos. Hacíamos hasta 7 copias a la vez con una máquina de escribir, al lugar se tenía acceso por un tablero de algo mas de un metro de ancho y unos 80 cm. de alto, sujetaba con 4 bulones con mariposas. Era un tablero donde se colgaban herramientas, pinzas y así por el estilo.


Jehová nunca permitió que nos faltara el alimento espiritual, siempre de alguna forma llegaba y a veces de maneras increíbles, era emocionante y reforzaba nuestra fe.