Relatos

Relatos: Memorial

4361: PAZ, Gilberto Luís, 1958; En el Regimiento Infantería de Montaña 16 Uspallata celebramos la conmemoración con 28 asistentes y un solo testigo.

Esto sucedió en el año 1978, la fecha del memorial no estaba muy lejos. Recibí la visita de mis padres, los autorizaron a estar conmigo 15 minutos.

Ellos reaccionaron rápido, mi mamá me llevó una campera que tenía un bolsillo interior el brazo. Y mi papá me había llevado el bosquejo de la conmemoración.

Me dijeron la fecha que iba a ser la conmemoración y cuando iba a poner el bosquejo dentro del bolsillito de la campera, me cortaron la visita, solo estuvimos cerca de 5 minutos.

Así que me mandaron de vuelta para la guardia. Iba con él bosquejo en una  mano y la campera en la otra.

En Uspallata hacía mucho frío, en la entrada de la Guardia había una salamandra que estaba apagada. Por alguna razón abrí la puertita de la salamandra y tiré dentro el bosquejo que me había dado mi papá, algo que pareció normal, porque todo el mundo tiraba papeles allí para deshacerse de ellos, pues cuando prendieran la salamandra se iban a  quemar.

Cuando entré a la sala de guardia, comenzaron a revisarme, me dijeron que me desvistiera entero. Y curiosamente el Sargento que me estaba revisando agarró y dio vueltas las mangas de la campera y advirtió que había un bolsillito que le había hecho mi mamá. Menos mal que no había alcanzado poner el bosquejo allí.

Me revisaron completo, no encontraron nada, me dieron la ropa y me vestí.

Y cuando salí de la guardia venia un soldado custodiándome, detrás mío para llevarme al calabozo. En el camino, abrí la puerta de la salamandra, metí la mano y saque el bosquejo, fue un movimiento rápido así que no el soldado no notó nada.  Creo que pensó que había tirado algo más adentro, y en realidad lo que había hecho era sacar el bosquejo.

Así que una vez que llegue al calabozo comencé a estudiar el bosquejo. De tanto leerlo me lo aprendí de memoria.

Pasaron unas 2 o 3 semanas y se acercó la fecha de la conmemoración.

Un día entró de guardia el Sargento Primero Grauche. Un hombre muy bueno, se comportaba muy bien conmigo siempre.

Cuando él entraba de guardia en la mañana me daba del desayuno que le traían del Casino de Oficiales y se ponía a conversar conmigo. Traía una Biblia y me pedía que le mostrase o le respondiese las cosas que él me preguntaba con la Biblia.

En un momento estando junto a el un Cabo de Guardia,  me preguntó qué vamos a hacer para Semana Santa, que hacían los testigos para esa fecha. Le expliqué cómo hacíamos la conmemoración, todo lo del vino y el pan sin fermentar.

Entonces el Sargento Primero me preguntó cómo iba a hacer yo. Le dije que estando allí encerrado, lo haría solo en el calabozo y recordando nada más sin los elementos, pero bueno que el asunto era recordarlo.

Allí me dijo “Bueno, mira yo voy a pedir estar de guardia para cuando es el día de la de la conmemoración,  entonces vas a poder salir afuera. Y te voy a conseguir el vino también, lo del pan no se, porque eso no sé cómo se hace.”

El Cabo de Cuarto que estaba allí, de apellido Goldstein, dijo “Yo sí sé porque mis padres son judíos” y  me dijo “Yo le voy a conseguir el pan de las Pascuas que se hacen en Jerusalén.”

Bueno quedamos en eso.

Efectivamente pasó el tiempo y llegó el día de la conmemoración.

Esa mañana llegó a la Guardia el Sargento Primero que me había prometido que estaría allí, y luego vi que el Cabo también estaba.

Me llevaron a la oficina a las 6 de la mañana cuando hacían el cambio de guardia, allí me mostraron el vino. Y el Cabo me había traído un pan en una caja envuelta con celofán, tenía una abertura por la que se veía el pan, lo habían traído de Israel. Es increíble.

Entonces me dijeron, “Bueno cuando sea la hora, testigo (porque así me llamaban), vamos a hacer eso que vos decís.”

Y efectivamente cuando llegó el atardecer le dije yo creo que ahora vamos a hacerlo.

Entonces el Sargento Primero llamó a todos los soldados, los llevó a la a la Cuadra donde dormían, se sentaron todos en su cama, eran 24 soldados.  Más el Cabo de Cuarto, que llamó al telefonista que estaba por allí también. Le dijo a todos que se pusieran a escucharme.

Les dijo “El Testigo les va a decir por qué causa es qué hoy es la semana santa”.

Entonces saqué mi bosquejo y di el discurso de la Conmemoración ante todos ellos.

E Cabo de Cuarto (como no había otro) agarró y pasó los emblemas primero pasó del pan, hice la oración, después pasó el vino, hice la oración e hice la conclusión. Y todo terminó.

Eran 24 soldados, el Cabo de cuarto y con el Sargento Primero ya eran 26, el telefonista 27 yo 28.

Así que orgullosamente le dije a mi papá la próxima vez que lo vi qué en  Uspallata en el Regimiento Infantería de Montaña 16 se había celebrado la conmemoración con 28 asistentes.

¡Fue La conmemoración más emocionante de toda mi vida!

Nota:
De los soldados asistentes 3 con el tiempo llegaron a ser testigos, el telefonista es anciano.